Aguas florales: qué son y para qué sirven

Las aguas florales, también llamadas hidrolatos, son el resultado del proceso de destilación por vapor de una planta o árbol.

Cuando se realiza este proceso, se obtiene un líquido que, una vez frío, se separa en dos fases: una oleosa, correspondiente al aceite esencial de la planta en cuestión, y otra acuosa, que será el agua floral. Ambos con múltiples propiedades beneficiosas para la piel.

Diferencia entre aceite esencial y agua floral

Aunque ambos tendrán en común las propiedades que le aporta la planta, son distintos puesto que el aceite esencial es mucho más concentrado que el agua floral.

¿Para qué sirven las aguas florales?

Las aguas florales se pueden utilizar tanto a nivel cosmético, como tónico o tratamiento para la piel, como a nivel de aromaterapia (aunque en este último caso lo más habitual es usar directamente aceites esenciales puros).

En función del tipo de planta, las propiedades del agua floral serán unas u otras. Por ejemplo:

Agua floral de lavanda

El agua de lavanda es un tónico excelente para todo tipo de pieles, especialmente para las más grasas. Calma, refresca, purifica y regenera la piel como ninguna otra agua floral. Ideal para aplicar después de la limpieza facial diaria o del peeling.

También se puede utilizar para purificar y reforzar el cuero cabelludo, como limpiador facial o en la preparación de cremas y mascarillas faciales.

En el caso de quererla utilizar a nivel aromaterapia, resulta ideal para pulverizar la habitación de los niños antes de acostarles puesto que calma y favorece el sueño.

Agua floral de rosas

El agua de rosas es, sin duda alguna, un must entre los amantes de las aguas florales. Altamente conocida y apreciada por su fragancia y sus múltiples propiedades refrescantes, hidratantes, antiinflamatorias y calmantes.

Ideal para pieles secas o maduras que necesitan un push de luminosidad para recuperar su aspecto de vital. Muy indicada también para pieles sensibles y delicadas o acnéicas.

Su uso más habitual es como tónico, aplicándolo después de la limpieza facial y antes de la crema, pero también se puede utilizar como tratamiento calmante y relajante para todo el cuerpo con un ligero masaje.

Agua floral de aciano

El agua floral de aciano es otra de las aguas florales más populares, puesto que resulta perfecta tanto para calmar irritaciones como para suavizar, tonificar y vitalizar las pieles más secas y apagadas. Posee grandes propiedades refrescantes, antiinflamatories, descongestivas, calmantes, purificantes, regeneradoras, antisépticas y suavizantes.

Especialmente indicada para los párpados y el área del contorno de los ojos

Agua floral hamamelis

El agua de hamamelis es un agua floral muy versátil y resulta perfecta para muchos tipos de piel.

Por sus propiedades cicatrizantes y astringentes resulta ideal para pieles acnéicas. Reduce la producción de sebo en la superficie de la piel y ayuda a cicatrizar los granitos para evitar la aparición de marcas.

Tiene un gran poder calmante y purificante, lo que la convierte en un agua floral muy adecuada también para pieles sensibles y delicadas.

A su vez, es altamente revitalizante gracias a sus antioxidantes, lo que le permite difuminar los signos de cansancio y mejorar la apariencia de la piel apagada. También resulta extremadamente útil para aliviar rojeces y para aplicar en la zona del contorno de los ojos puesto que ayuda a reducir ojeras y bolsas.

¿Cómo conservar el agua floral?

Finalmente, no podíamos acabar este artículo sin hacer referencia a la conservación de las aguas florares.

Las aguas florales se conservan en buen estado durante, aproximadamente, 6 meses después de su apertura. Lo único que debes tener en cuenta para conservarlas correctamente durante este tiempo es colocarlas en algún lugar donde no queden demasiado expuestas a la luz.

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